Si eres un emprendedor, de los errores aprendemos

Si eres un emprendedor, de los errores aprendemos

¿Te gustaría evitar los errores que puedes estar cometiendo en tu empresa para que tu negocio alcance los objetivos propuestos? De la misma manera que nos conviene saber qué tenemos que hacer, también nos interese saber qué es lo que NO deberíamos hacer. La combinación de las dos informaciones es lo que nos dará muchas posibilidades de tener éxito ¿no crees?

Si eres un emprendedor, de los errores aprendemos

En realidad son tantos los errores que podemos cometer que cada uno de ellos daría para un artículo en sí mismo, pero he agrupado los que considero más importantes y vamos a tratar de resumirlos. También puedes leer mi post sobre 20 hábitos de las personas exitosas para profundizar aún más en este tema.

No tener un objetivo claro.

Parece bastante obvio que hay que concretar un objetivo al emprender, pero muchas `ymes, autónomos, emprendedores y profesionales no tienen una planificación de dónde quieren llegar y que además sea específica en lo que se quiere conseguir, mesurable para saber en cuanto tiempo se quiere alcanzar esa meta, realista porque hay que soñar en grande, aunque debemos saber con qué contamos para hacerlo y alcanzable para asegurarnos el éxito. Así que traza tu propio mapa u hoja de ruta, mira como vas superando etapas para no desanimarte y motivarte para seguir.

Pensar que con una idea o ilusión es suficiente. 

No te voy a negar que la idea tiene que existir, y que grandes dosis de ilusión son necesarias para poder seguir nuestro proyecto, porque durante la travesía habrá baches que superar y puentes que atravesar. Pero aunque eso nos ayude no es suficiente. Todos los días hay emprendedores con muy buenas ideas, con mucho ímpetu y energía que tiene que abandonar su empresa por una mala gestión o falta de planificación o por no tener en cuenta aspectos igual de importantes. Esto es como un puzzle y para que esté perfecto necesitamos que las piezas encajen y no falte ninguna.

No tener un propósito o para qué.

 Qué quiere decir un para qué? ¿para qué hacemos lo que hacemos? ¿qué queremos conseguir? Y no me digas ingresos, porque eso no sirve. ¿cómo te sentirás? ¿te sentirás realizado? ¿ayudarás a los demás? ¿conseguirás reconocimiento? ¿conseguirás vivir apasionado por lo que haces? ¿quieres inspirar a tus hijos y predicar con el ejemplo? El propósito por el cual hacemos las cosas es lo que nos motiva a levantarnos todos los días para seguir, para mejorar, para crecer.

No revisar tus obstáculos y lo que te frena.

Afortunadamente cada vez más se le da importancia a la gestión emocional, la cual se aplica en todos los ámbitos de nuestra vida. Al fin y al cabo no somos máquinas ni robots, las empresas son personas que sirven a personas, así que descuidar esa parte es uno de los peores errores desde mi punto de vista. ¿Por qué no hacemos lo que debemos hacer? Haces cursos y contratas gente que te ayude, pero cuando chocas con una de tus creencias que te dice: ¡dónde vas… si tú no puedes! o tus miedos te paralizan, o procrastinas para seguir como estás o te saboteas constantemente o tus hábitos no te permiten actuar como deberías… hay algo más profundo que tienes que solucionar. Te sugiero buscar a alguien que te ayude a desbloquear lo que te limita para que no te impida actuar. O seguirás buscando, aprendiendo y queriendo hacer sin conseguir lo que de verdad deseas.

No creer en tus habilidades y tu potencial interior. 

Este punto lo podríamos relacionar con el anterior. La gente se infravalora constantemente porque les falta confianza y fe en sí mismos. Pero si tú no te crees que vales, ¿quién lo va a hacer? Puedes creer que puedes o puedes creer lo contrario, aunque no tengas garantías de éxito en el primer caso, te aseguro que en el segundo no tienes ninguna posibilidad. Averigua y potencia tus habilidades, y descubre cuáles son tus puntos débiles, porque podrás reforzarlos para que no te limiten.

Creer que ya te has formado suficientemente y no hace falta invertir más. 

A veces nos preocupamos más de tener una ubicación, una estructura, un local, un mobiliario y otros aspectos físicos que de invertir en nosotros. Creemos que si ya nos hemos formado, ya no hace falta hacer nada más, eso ya dura eternamente. Formarse no es algo que termina cuando acabas la escuela, o la universidad, o haces un máster, no tiene nada que ver. Formarse para crecer dura toda la vida. Tenemos que interiorizar que siempre habrá algo en qué mejorar, algo que aprender y algo que aplicar a nuestra vida o a nuestro negocio. Todo lo que invirtamos en nosotros, nadie nos lo puede arrebatar, así que invierte en tu crecimiento antes que en todo lo demás.

Si eres un emprendedor, de los errores aprendemos

No ser flexible y no tener capacidad de adaptarse. 

Los cambios se suceden constantemente, la vida es puro cambio. Así que por mucha planificación que hayamos hecho, podemos encontrar durante el camino piedras que tengamos que sacar, saltar, rodear, lo que sea para no frenar. Nuestra capacidad para adaptarnos a los cambios y ser flexibles nos permitirá generar opciones que pueden ser incluso mejores que los planes iniciales, así que hay que practicar la creatividad para que en cualquier momento podamos “pivotar” al plan B. La adaptación a nuevas situaciones nos equilibrará y nos permitirá seguir con nuestro objetivo.

Creer que puedes hacerlo todo sin pedir ayuda. 

A eso le podemos llamar el síndrome del superhéroe. Los autónomos o empresas unipersonales tienen esa tendencia muy desarrollada. Quizás por una cuestión de escasos recursos que invertir, aunque luego nos cuesta el doble deshacer lo hecho o volver a hacerlo. O también puede ser porque pensemos que estamos solos, que si pido ayuda es que no soy capaz o que nadie me lo hará tan bien como yo. En cualquier caso te diré, que no estás solo, que pedir ayuda no significa no ser capaz, sino tener el coraje y la responsabilidad de querer hacerlo y hacerlo bien y que tenemos que aprender a delegar, aunque no lo hagan como nosotros, porque seremos mucho más efectivos y eficaces.

No haber definido tu cliente ideal. 

Aquí entramos en la parte de planificación de nuestro negocio. Creen muchos emprendedores, a menudo, que sus productos y servicios son para todo el mundo, que todos son nuestro público y está más que demostrado que no es así. La especialización en un nicho de mercado concreto eleva exponencialmente las posibilidades de éxito. Puedes enfocar mejor tus esfuerzos, tu comunicación y la promoción de tu empresa a la vez que creas una marca personal que atraiga a tus clientes de manera mucho más efectiva. Conócelo y emociónalo.

Depender demasiado del entorno y de lo que digan los demás. 

Parece que el deporte nacional es opinar siempre de lo que hacen los demás. Parece que siempre con buena intención, pero nadie sabe mejor lo que te conviene que tu mismo. Hay que tener en cuenta de donde vienen las opiniones, no porque nos quieran mucho saben lo que es mejor para nosotros, así que piensa, ¿tiene experiencia acerca de lo que te está diciendo? ¿en que se basa su opinión? No podemos contentar a todos, asúmelo y supéralo, solo podemos ser nosotros mismos. Así que hay que tomar decisiones y asumir responsabilidades. Es normal que queramos el reconocimiento de los demás, pero cada uno tiene su propia opinión y si vas a actuar en función de lo que te digan, te vas a volver loco. Tenemos miedo a fracasar, a la vergüenza, pero solo superando eso podremos decidir lo que consideremos más acertado.

Procrastinar, no actuar. 

Hay un refrán que dice: “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” y a eso vamos. Podemos posponer ciertas tareas o acciones por falta de tiempo, por imprevistos o por urgencias, pero cuando se suceden es que algo ocurre. El no tomar acción significa que hay un motivo más profundo que nos impide hacerlo. Puede ser malos hábitos, que nos estemos saboteando inconscientemente o que esconda alguna emoción o creencia mal gestionada y que necesita nuestra atención. Tenemos que poner atención en esos comportamientos porque tendemos a justificarlos, pero en el fondo sabemos cuando están ocurriendo.

Abandonar ante cualquier obstáculo. 

La tasa de abandono de negocios y pymes es muy alta, ya sea por falta de recursos, por una mala planificación (ambas van de la mano) o porque hemos perdido la motivación. Nos saturamos, nos bloqueamos, no vemos salida y acabamos abandonando. Pregúntate cómo puedes cambiar esa situación, genera opciones, gestiona tus emociones, tus miedos y sube tu ánimo. ¿Te imaginas que justo un poquito más y recibes esa llamada, ese correo, esa colaboración que significa el lanzamiento de tu empresa al éxito? No sabes cuándo va a suceder, pero si desistes, es seguro que ya no va a pasar.

Por último hablaremos de otro error, que más bien seria el error cero por ir antes que el primero y es NO comprometerse. Cuando no nos comprometemos con nosotros mismos en alcanzar lo que nos hemos propuesto es muy difícil que lleguemos a alcanzarlo. El compromiso requiere constancia, perseverancia y hacerte la promesa de que harás lo que tengas que hacer para conseguir tus metas. No empieces tu negocio si no estás 100% comprometido, porque cuando uno toma la firme decisión de hacerlo, no hay viento que te tumbe, tienes una responsabilidad contigo mismo y hay que cumplirla. Tiene que ser tu prioridad.

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